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Los que aman sus cadenas

In Legislación on mayo 25, 2012 at 5:35 pm
César Ponce (Hoppes nº9)

Las órdenes de alejamiento se han endurecido en las últimas reformas para intentar reducir la cifra de quebrantamientos. Las audiencias provinciales interpretan de forma muy personal cada caso ante la ausencia de una doctrina consensuada.

Nadie puede amar sus cadenas, aunque sean de oro puro”, fue la frase con la que John Heywood quiso defender la libertad. Nadie tiene derecho a privar de independencia a otro alguien, por mucho vínculo que les hubiera unido en el pasado. Quizá por ello se idearon las órdenes de alejamiento, para evitar encadenamientos no deseados. El problema llega cuando la propia naturaleza de la medida atenta contra esa voluntad e impone una distancia que impide a las personas volver a encadenarse libremente. “No parece correcto que normas que pretenden implementar seguridad a la víctima acaben generando inseguridad”, manifiesta María Acale (Doctora en derecho penal y especialista en casos de violencia de género) para contextualizar las dudas que existen actualmente sobre la efectividad de las órdenes de alejamiento. Y es que por mucho que le pese a Heywood, los hay que sí aman sus cadenas.

La eficacia de las órdenes de alejamiento, un tema a debatir

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La esperanza no está en los datos

In Contextualización on mayo 25, 2012 at 5:33 pm
César Ponce (Hoppes nº9)

Medidas como la orden de alejamiento o la orden de protección persiguen principalmente reducir el número de víctimas por violencia doméstica. Aunque las cifras de 2011 mejoran las del año precedente no se percibe una tendencia a la baja, sino más bien una inestable fluctuación alejada de los objetivos reales. El año pasado fueron asesinadas 67 mujeres en España, por las 85 del año anterior. Sin embargo 2009 presentó una cifra casi calcada a la del pasado curso (68 víctimas), y en lo que llevamos de 2012 ya se registran 27 casos (fuente Red Feminista).

Existen casos particulares, como el de Andalucía, donde  se han duplicado en cuatro años las denuncias por malos tratos pero se han reducido las órdenes de alejamiento, conformando un silogismo incomprensible. En Algeciras, por ejemplo, el pasado año se contabilizaron 200 órdenes de alejamiento, una cifra calificada de insuficiente por el gobierno municipal. En Avilés las cifras de principios de año apuntaban guarismos semejantes a los de 2011, con 76 órdenes de alejamiento (66 españolas y 10 extranjeras). En Alicante, datos recientes (Abril 2012) muestran 92 expedientes abiertos con órdenes de alejamiento (63 españolas, 29 extranjeras) sólo en el primer trimestre del año. León también dio a conocer datos de 2011 con un resultado de 473 mujeres que contaron con órdenes de alejamiento.

Las estadísticas por comunidades salidas en prensa demuestran que la esperanza no está en los datos. La violencia de género no alcanza la caída esperada, y las órdenes de alejamiento no parecen ser el elixir esperado para frenar la problemática. Habrá que tener primero esperanza en la ley, reformarla y mejorarla, para posteriormente poder confiar en las cifras.

Quebrantar, esa es la cuestión

In Contextualización on mayo 25, 2012 at 4:08 am
César Ponce (Hoppes nº9)

Dictar una orden de alejamiento es un procedimiento sencillo, al contrario que su cumplimiento. A menudo se vulneran, ya sea por parte del acusado, la víctima, o incluso por ambas partes. Como indica Adolfo Alonso (abogado de familia) “el problema es que no sólo se aleja a las personas sino que se aleja a la vida real y a los problemas prácticos de las relaciones familiares”. Por eso son frecuentes los quebrantamientos de este tipo de condena, muchas veces sin consciencia por las partes de que se comete un delito penal.

En la mayoría de casos es el condenado el que se salta el procedimiento: El pasado viernes fue detenido en Castellón un hombre de 33 años por acercarse a su ex pareja sin tener en cuenta la medida de alejamiento impuesta y entablando una fuerte discusión con ella; otro caso reciente (Marzo 2012) se produjo en Euskadi, donde tres hombres fueron detenidos por quebrantamiento de medidas cautelares, uno de ellos implicado en un delito de violencia de género; en Enero de este mismo año un varón fue localizado en Almería en plena agresión a una mujer, vulnerando hasta dos órdenes de alejamiento impuestas por el juzgado de violencia y otra por el juzgado de instrucción; un ejemplo más llamativo por la juventud del implicado (17 años) se produjo en Gijón (Marzo 2012). El joven ingresó en prisión tras ser visto con su ex novia y contar con hasta diez denuncias previas por malos tratos; en Abril de este mismo año fue detenido en Santa Cruz de Tenerife un hombre por abordar a su ex pareja, sustraerle el teléfono móvil y merodear el colegio del hijo de la víctima; también en la isla canaria se produjo a final del año pasado una detención por un doble quebrantamiento de orden de alejamiento, en este caso por parte de un varón ecuatoriano de 32 años que además fue protagonista de un altercado público.

Innumerables casos demuestran el quebrantamiento habitual de órdenes de alejamiento

Los casos más llamativos son los que el acercamiento viene motivado por un acuerdo entre ambas partes, desconocedoras de las posibles consecuencias: un hombre fue sancionado con seis meses de prisión simplemente por pasear con su ex pareja teniendo interpuesta una orden de alejamiento. El acusado no pudo librarse de la cárcel a pesar de que la víctima solicitara la retirada de la orden; otros dos jóvenes fueron detenidos cuando se escondían entre unos cubos de basura para evitar ser vistos por agentes de la policía. En este caso la prohibición de acercamiento (500 metros) era compartida por ambos.

Incluso hay situaciones en las que el implicado se convierte en sensación pública debido a su tremendo historial delictivo; es el caso de Alfonso (pirulo para los amigos), joven de Ourense seguidor del grupo infantil 3+2 y con un firme sueño de pitar algún día en primera división. Su rocambolesca historia esconde 13 órdenes de alejamiento por intentar captar con fines pedófilos a dos menores.