Revista especializada en delincuencia

El esqueleto del robo

In Prevención, Uncategorized on mayo 25, 2012 at 5:43 pm

· El desempleo es una variable de riesgo en la comisión de delitos
· El perfil de ladrones de casas incrementa su heterogeneidad en situaciones de crisis 

ESTEBAN ORDÓÑEZ/ HOPPES Nº9


El primero aplana la radiografía y la introduce por la pequeña rendija del marco mientras presiona la puerta con el hombro. El compañero espera a su espalda, vigilante, intentando asegurarse los pies en un balanceo nervioso. Es la primera vez que oye el clonc que abre la veda para expropiar la intimidad ajena. El gesto de su experimentado colega le incita a pasar. Antes de cruzar el umbral se fija en la lámina negra, en esa ganzúa donde cuelgan sus propios huesos: quizá ahí se reconozca y se avergüence, pero pasa.
En situaciones de dificultad económica aumenta la gama de perfiles que cae en la actividad delictiva, sobre todo en aquellas infracciones que permiten adquirir dinero por una vía rápida y discreta. El doctorando de Justicia Penal de la Universidad de Lérida, Francesc Reales, uno de los pocos investigadores que aborda el delito de robo en domicilios, sugiere que la variable del desempleo influye en la comisión de estos allanamientos. Explica que no existen unas características personales homogéneas en los autores. Aunque, si hay un factor predominante, es la necesidad de sufragar ciertas adicciones. “En años pasados, con una economía boyante y un desempleo bajo cubierto por la construcción, aquellos que sufrían adicciones podían costeárselas; ahora estas personas se han quedado sin ingresos, pero la adicción no desaparece”, argumenta Reales. Sin embargo, la droga no es el único motivo. Hay personas que envían dinero a sus países, hay quienes quieren disfrutar de una vida más desahogada rodeada de lujos, vicio y prostitución, y quienes, simplemente, quieren subsistir el día a día.

Para el investigador catalán, no es necesario acumular un historial criminal: “Muchas personas no pueden mantener a sus familias e individualmente no se implicarían en el robo, pero se relacionan con gente que sí desarrolla estas actividades”. La necesidad se suma a la oportunidad. Sin embargo, hay estudios que apuntan al bienestar económico como aliciente para los robos en viviendas. La proliferación de segundas viviendas deshabitadas o la acumulación de dinero negro difícil de seguir incitaban a actuar con menos riesgo.

El delito que más aumenta
Con todo, las últimas estadísticas señalan a los robos en domicilios como líderes del aumento porcentual de las infracciones registradas en el primer trimestre de 2012 por los Cuerpos de Seguridad del Estado. Muchos expertos no consideran válidas las estadísticas españolas ya que, como declaró a Hoppes nº9 el coordinador de la sección de Málaga del Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, José Díez Ripollés, el European Sourcebook of Crime and Criminal Justice decidió eludirlas “porque no servían”. Aún así, el doctorando de Justicia Penal de la Universidad de Lérida explica que el actual repunte anotado en las estadísticas oficiales no es proporcional a los cambios generados en las variables que influyen en la tendencia delictiva.
Los criminólogos Lawrence Cohen y Marcus Felson desarrollaron la Teoría de la Actividad Rutinaria, una de las herramientas principales de la ‘criminología ambiental’. A través del conocido triángulo del crimen, se descompone el delito en tres requisitos sine qua non: un agresor motivado, la ausencia de vigilancia efectiva y un objeto accesible. Este sistema otorga un conocimiento analítico del delito y facilita la configuración de una prevención situacional que aplaque el poder de la oportunidad.

Riesgo y beneficio
Esta teoría explica que el ladrón decide el riesgo que está dispuesto a aceptar en función de la previsión de beneficio. “La mayoría de robos ocurren cuando no hay personas en casa, después de una pequeña vigilancia saben cuándo salen las víctimas a trabajar o cuándo llevan a los niños al colegio. Aprovechan esa media hora en que no hay vigilancia, ni alarma, ni cierre de seguridad”, afirma Reales. Sin embargo, el Presidente de la Asociación Nacional de Víctimas de Delitos Violentos (AVNDV), José Miguel Ayllón, opina que cada vez los robos se realizan con más violencia: “No hay datos fiables, pero a los delincuentes les interesa que haya gente dentro: a más violencia, mayor será el botín”, sentencia. Para Ayllón, la gravedad de este delito está en su imprevisibilidad. Un mal cálculo puede convertir un robo de objetos de valor en una agresión, un secuestro o un homicidio: “Si esperan la casa vacía y encuentran a alguien, el asaltante puede reaccionar con violencia. Las consecuencias a veces superan la voluntad del propio agresor”, asegura el Presidente de AVNDV. No obstante, los robos violentos ocurren cuando el beneficio supera con creces el riesgo, esto suele implicar el conocimiento de que el propietario guarda partidas de droga o grandes cantidades de dinero en efectivo, ya sea negro o en curso legal.
De cualquier manera, son casos poco comunes. A algunos de los condenados, como los entrevistados por Reales, se les trasparenta aún el nerviosismo o el arrepentimiento y puede percibirse el empuje de una necesidad y una ocasión fácil que acabaron por torcerse.

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