Revista especializada en delincuencia

Salir del patio

In Cárceles, Reinserción on junio 25, 2012 at 8:04 pm
ESTEBAN ORDÓÑEZ/HOPPES Nº9

·El trabajo en prisión es una premisa crucial para la rehabilitación social de los presos
·Los internos solicitan un puesto en los talleres para “evitar malos pensamientos y salir el patio”

“Dices que no, hermano, una sobredosis. Por mi madre, ya me comía las papelas a bocaos”, cuenta uno sonriendo y desbrozando a patadas su cigarro contra el cemento del patio. “Anda que lo que he pasao, canelita p’a los cerdos”, responde el otro mostrando con la palma muy pegada al abdomen un fardo minúsculo, “habrá barrotes, pero tengo fiesta”. Algunos presos se refugian de conversaciones como esta en los pequeños talleres de la cárcel. “No comerse el coco” es una de las principales razones por las que los internos solicitan trabajo penitenciario.

Los reclusos desarrollan trabajos poco cualificados que se aprenden en un día


La privación de libertad distorsiona y mitifica el historial delictivo de los presidiarios. Los golpes son una fuente de prestigio, y esta fama en el pequeño universo de la trena reafirma las conductas antisociales. Para muchos expertos, el trabajo dentro del centro es el comienzo de la reinserción. La educadora social del centro penitenciario Quatre Camins desde 2001, Montserrat Sánchez, señala que con el trabajo penitenciario no sólo aleja a los internos físicamente del mundo más delincuencial del patio: “A nivel emocional, evitan esas charlas sobre droga, delitos y el orgullo de no haber sido detenidos… Se distancian de la marginalidad para acercarse, aunque sea por unas horas, a la sociedad normalizada”.
La legislación española y los organismos internacionales contemplan el trabajo penitenciario como un derecho que busca reeducar y propiciar la rehabilitación social. Su aplicación depende de que el reo lo solicite. Los sociólogos de la Universidad Autónoma de Barcelona, Ramón de Alós y Fausto Miguélez, investigaron el asunto en el estudio ¿Sirve el trabajo penitenciario para la reinserción? Aseguran que muchas personas que solicitan el trabajo se quedan fuera. “Las instituciones penitenciarias no están capacitadas por falta de recursos, por la existencia de prisiones en malas condiciones y por ofrecer trabajos muy rudimentarios”, critica Ramón de Alós.

Apretar tapas, hacer bolsas
Las tareas se aprenden en menos de un día. Coger el papel, aplanarlo, doblarlo, pasarlo, coger otro, y aplanarlo, y doblarlo, y pasarlo… Funciones poco cualificadas que difícilmente facilitarán el acceso al mercado laboral. Para Fausto Miguélez, no profesionalizan. “En el complicado caso de encontrar faena fuera, consistirá en empleos muy precarios, con contratos temporales e ingresos muy bajos”, lamenta. España arrastra un modelo basado en la tipología de personas privadas de libertad de los años 80. Existía, a la sazón, gran número de individuos procedentes de barrios marginales y físicamente dañados por la adicción a la heroína. Sin embargo, en la actualidad, el abanico de internos es mayor, con mejores capacidades cognitivas y con intereses más complejos. Consciente de estos defectos, Montserrat Sánchez, denuncia: “Estas personas no encuentran gratificación en los talleres, esto estanca su crecimiento personal y provoca mayor criminalidad”.
A la mala perspectiva que ofrece el mercado laboral para tareas de escasa cualificación se suma la elevada tasa de desempleo. En investigaciones como La inserción laboral de los ex-internos de los centros penitenciarios de Cataluña, coordinada por Ramón de Alós, los expertos de la Universidad Autónoma de Barcelona emprendieron un seguimiento de las altas en la Seguridad Social de aquellos ex-presidiarios recién salidos del centro. En el primer periodo examinado, de 2004 a 2007, se observaron contrataciones, alrededor de un 40%. En 2010 sólo un 20% de éstos conservaba el puesto. “Las contrataciones en aquel momento de expansión de empleo se centraban, sobre todo, en el ámbito de la construcción”, anota Alós.
Por otro lado, la escasez de apoyo a este colectivo una vez abandona el centro en ocasiones tumba los avances conseguidos. Los valores adquiridos a través del trabajo en prisión, al no encontrar respuesta en el exterior, se deterioran en favor de la vía delictiva anterior a la condena. El Centro de Iniciativas para la Reinserción (CIRE) financia las actividades de empresas de inserción laboral como AVBC o Fundación Engrunes, que tratan de asistir de manera individual a ex-reclusos que buscan un contrato. Sin embargo, como destaca Fausto Miguélez, se canalizan pocos recursos a estas entidades. “El preso se encuentra bastante desamaparado. Creo que se requiere algo más institucional que gestione un seguimiento efectivo”, propone.

Los beneficios del trabajo
Al margen de todas las carencias en la aplicación del derecho al trabajo, la participación en los talleres aporta hábitos y códigos de conducta hasta entonces desconocidos. De acuerdo con la educadora social de Quatre Camins, las personas surgidas del mundo marginal y toxicológico vivían por y para la droga, perdieron su higiene personal, no adquirieron costumbres de horarios y desecharon toda actividad que no tuviera un refuerzo imediato. “El trabajo les permite desarrollar una planificación vital, además de obtener dinero legalmente, con esfuerzo, y sentirse orgullosos de poder mantenerse a sí mismos”, argumenta.
Además, el trabajo logra unos objetivos que van más allá del aprendizaje de una profesión. El clima social entre presos, y entre éstos y los funcionarios, mejora notablemente gracias a la adquisición de espíritu de colaboración y respeto. Las encuestas del equipo de sociólogos de la Universidad Autónoma de Barcelona revelan que los reos depositan más motivación y esperanzas en las pequeñas actividades remuneradas que los propios técnicos y educadores sociales. Y desde empresas de inserción laboral como AVBC, consideran la motivación como premisa fundamental para la incorporación al mercado laboral.
Muchos reclusos, a través de las relaciones con otros compañeros en el taller y al entender que de las bolsas que dobla cada uno sale el pedido de todos, se descubren saboreando la empatía, algo olvidado en una vida de búsqueda de recompensas rápidas y personales. Comprenden sus errores. Más tarde, cuando lleguen las visitas y los familiares pregunten cuánto dinero necesitan, aquel de la sobredosis o quizá el otro, el del fardo enano, podrán mirarlos y decirles que no, que ya no hace falta, que ganan para pagarse el tabaco y los cafés.

Además…

Entrevista a Esther Adrover, técnico de inserción de AVBC
Un trabajo insatisfactorio 
 

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