Revista especializada en delincuencia

La nana de las cárceles

In Cárceles, Módulo femenino on marzo 5, 2012 at 6:35 pm
César Ponce (Hoppes nº9)

La reclusión femenina padece un problema de desigualdad. Las mujeres internas son minoría y eso repercute en su estancia

Cárcel de ventas, hotel maravilloso. Donde se come y se vive a to confort”. Con esta estrofa irónica arranca la canción compuesta en 1940 por las 13 rosas sobre su estancia en la prisión de Las Ventas. 70 años después la situación de la mujer en reclusión sigue siendo un conglomerado de reivindicaciones mudas. “La pertenencia de niños, una menor oferta laboral en los talleres penitenciarios y un mayor aislamiento respecto a la sociedad”, así resumía la problemática de mediados de siglo el profesor de historia contemporánea Ricard Vinyes. Salvando las distancias son las mismas cuestiones demandadas en la actualidad, como asegura el profesor penitenciario Julio Fernández. “Hemos avanzado muy poquito. Es un lastre que la población reclusa femenina sea muy inferior a la masculina”, añade. Se configura una minoría silenciada que aún tararea la canción de sus antepasadas: “Lujoso baldosín, tenemos por colchón. Y al despertar tenemos desecho el riñón”

La mujer en reclusión supone un 8% de la población penitenciaria

La criminalidad femenina es un ámbito olvidado. Por ello Beatriz Sánchez enfocó su tesis en este fenómeno. “Hay muchos trabajos de delincuencia masculina pero es bastante difícil encontrar investigaciones sobre mujeres delincuentes”, confiesa. En su opinión la desigualdad de género está presente en la sociedad y por tanto también se traslada a las cárceles. Julio Fernández confirma la discriminación penitenciaria: “Casi la totalidad de prisiones cuentan con la mayoría de módulos para hombres y alguno o sólo uno para mujeres. Se nota la diferencia en las actividades y cursos de formación, enfocados en su mayoría a los varones que asisten más a pesar de ser ellas más participativas”. Su opinión está avalada por una experiencia internacional como coordinador de formación de profesionales penitenciarios en países como Irak, Albania, Argentina, Chile o Guatemala, entre otros. Matiza que “España es de lo más avanzado del mundo a nivel legislativo, pero a nivel práctico adolece de eficacia y sistemáticamente se vulneran derechos fundamentales de los internos”

Marta Ruiz ha llevado a cabo profundas investigaciones en prisiones españolas. Define las cárceles como “instituciones totales, con una vida muy organizada y una estructura muy cerrada. También corrobora la desigualdad entre sexos, puesto que “el modelo actual repercute negativamente en la convivencia entre mujeres que se ven obligadas a compartir módulo sin distinción del delito cometido o procedencia”. Para la investigadora “las actividades ocupacionales tienen un marcado sesgo de género que redunda en que las internas interioricen un rol asociado a cualidades individuales”. Sin embargo coincide con Julio Fernández en que “España tiene uno de los sistemas penitenciarios más progresistas, y que se han hecho notables avances en los últimos 30 años”.

La visión más positiva la aporta Nacho Blasco, capellán del Centro Penitenciario Fontcalent (Alicante). Para él “la prisión es un micromundo que tiene poco que ver con la realidad”. Su experiencia en este tipo de entornos supera los diez años, en los que no observa diferencias a nivel de funcionamiento interno entre hombres y mujeres. “En Fontcalent se vela para que ellas tengan el mismo tratamiento y oportunidades”, expone. Además aporta el caso concreto de una interna que ha sido seleccionada para el curso de fontanería del próximo mes de Marzo. El capellán indica incluso que las mujeres a veces están saturadas por la oferta de actividades que tienen, citando algunos talleres como el de relajación, valores humanos, muñequería, además de la Eucaristía semanal.

La explicación a este fenómeno radica en las reducidas cifras de mujeres que ingresan en las cárceles (tan sólo el 8%) sobre el total de la población. “El delito tiene rostro de hombre” afirma Blasco. No se trata de un fenómeno español, pues como confirma Marta Ruiz nuestro país es tras Portugal el que registra una mayor población femenina, que además viene aumentando desde la década de los 90. Estos datos sitúan a la mujer interna como una minoría obligada a compartir módulo sin distinciones, cosa que no ocurre en el caso de los hombres. Julio Fernández avisa que hay que tener en cuenta el delito cometido: “La mayoría de penas (40%) son por delitos contra el patrimonio, seguido del tráfico de drogas (28%). Sin embargo en el caso de mujeres el delito por tráfico de drogas se dispara por encima del 50%”. El profesor penitenciario justifica estos datos en que “muchas veces la mujer en prisión ha sido objeto de agresiones de género, chantajes, coacciones, extorsiones por parte de sus parejas y muchísimas están en prisión por introducir droga a algún allegado”. Al hacinarse todas las reclusas en el mismo lugar, surgen los problemas de convivencia, y por extensión de desigualdad. “Las mujeres tienen menos acceso a los recursos materiales o personales, así como a los programas educativos, culturales y recreativos de las cárceles, ya que se consideran poco rentables para un grupo tan reducido”, explica Beatriz Sánchez.

Reclusas inmigrantes y unidades de madres

La desigualdad de género se entremezcla con el conflicto racial y complica aún más la cohesión penitenciaria. La población femenina extranjera está entorno al 34%, aunque Julio Fernández matiza que ha descendido tras la reforma del código penal que facilita la pena por expulsión. Marta Ruíz se ha especializado en este ámbito, y localiza una diferencia de perfiles en función de la nacionalidad: “Las extranjeras tan sólo trafican mientras las mujeres españolas también consumen. Además las reclusas nacionales tienen las habilidades sociales menos desarrolladas y se preocupan menos por determinados aspectos como la salud y la higiene”. Como señala la investigadora éstas diferencias afectan a la cohabitación, y no son las únicas: “Las extranjeras suelen ser primerizas, pues delinquen más por necesidad para completar su proceso migratorio, mientras las reclusas españolas es habitual que entren  y salgan de prisión con asiduidad”. Para Julio Fernández también existen diferencias: “Todas las internas reciben el mismo trato pero las de fuera sufren una doble condena al no tener arraigo y disponer de menores posibilidades de recibir beneficios como los permisos o la libertad condicional”.

Las internas extranjeras alcanzan el 34% de la población reclusa femenina

El mayor hándicap con el que deben lidiar las mujeres internas es el de su condición de madres. Según Marta Ruiz “el paso por prisión es más duro para ellas porque les cuesta mantener el rol de madre desde la distancia, independientemente de la etnia o nacionalidad”. Es por ello que propone penas alternativas en casos de tráfico de drogas o delitos de poca gravedad con el fin de evitar desestructuraciones familiares. Se trata de una cuestión delicada, según Julio Fernández, sobre todo en las cárceles que no están dotadas con una unidad de madres. “Hay que tener en cuenta que el hijo no está preso y tiene derecho a un régimen de salidas y una asistencia adecuada (pediatras, educación infantil…)”, señala, pero suaviza al apuntar que no se llega a las 200 internas con hijos. Nacho Blasco es menos alarmista en este aspecto al hablar de su experiencia en Fontcalent: “Las mujeres con hijos en prisión están en un departamento especial, adaptado, que esperemos en breve se convierta en unidad de Madres”.

La situación de la mujer reclusa es delicada pero existen propuestas de futuro. Según Julio Fernández “habría que fomentar la convivencia entre sexos”. Para Marta Ruiz “se deberían adaptar los datos estadísticos penitenciarios para que reflejen las verdaderas características de la población reclusa”, además de “ampliar la oferta de educación orientada a la reinserción sociolaboral, secundada por un seguimiento a todos los niveles”. Son proposiciones que pretenden acallar esa nana simbólica que todavía susurran los muros de las cárceles: “Hay colas hasta en los retretes, rico cemento dan por pan. Lentejas único alimento, un plato al día te darán…”

Despieces y artículos de contextualización: Mujer contra mujer / Una jornada en reclusión

Audios: Julio Fernández / Marta Ruiz

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