Revista especializada en delincuencia

El método del estigma

In Prevención, Reinserción on marzo 6, 2012 at 8:19 pm
ESTEBAN ORDÓÑEZ/HOPPES Nº9

Las coberturas de los medios de comunicación pueden criminalizar a la población inmigrante

Unos individuos gesticulan en el arcén de la autovía pidiendo ayuda por una avería. Un coche se detiene y colabora en la reparación. Mientras tanto los primeros se apoderan con sigilo de los artículos de valor del vehículo que les asiste y se dan a la fuga. Es el método de peruanos, aunque lo perpetre un español o un rumano o un inglés; la marca del delito es peruana. “Damos adjetivo étnico a los delitos y provocamos que la ciudadanía criminalice a toda una minoría”, critica el profesor de Periodismo de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Xavier Giró.

Estas clasificaciones de infracciones nacen en los informes policiales a los que acceden los profesionales de la comunicación. “La etnificación del delito se genera en la policía y el periodista la toma tal cual. Elude su responsabilidad social, debería trabajar en función de cómo estos mensajes pueden ser asimilados por la sociedad”, propone Giró. Sus distintos estudios, como los publicados junto a investigadores como Jose Manuel Jarque o Marta Muixí, revelan que una de las principales fallas del trabajo periodístico al abordar la delincuencia relacionada con la inmigración es la ausencia de contextualización: “Sufrimos un profesionalismo mal entendido que limita la realidad a los datos recibidos que normalmente suelen proceder de fuentes policiales o institucionales; deberíamos contar la biografía social de la persona y tratarlo con proporcionalidad”, reivindica el experto de la UAB.
La reportera de sucesos de El País en Barcelona, Rebeca Carranco, asegura que el trabajo en su diario se apoya en la igualdad de trato a todos los individuos: “No mencionamos la nacionalidad en el titular. Aparece en el cuerpo de texto porque aporta información, tanto si es española como extranjera”. Este compromiso ético del periódico no evita, sin embargo, la estigmatización de las minorías. El informe de de Conductitlan sobre Prejuicios, estereotipos y driscriminación, explica que en el interior de los grupos las diferencias se minimizan, en cambio se tiende a exagerar las diferencias con el otro grupo: “Cuando estas diferencias son consistentes con estereotipos bien conocidos serán difíciles de modificar”.
En otros puntos como las declaraciones institucionales o las estadísticas oficiales, “los periodistas reproducen el discurso tal cual, sin tomar un punto de vista crítico y se convierten en portavoces de la xenofobia”, se queja Giró. Los datos de delincuencia achacan a la población inmigrante la comisión de la mayoría de delitos o la acusan de conformar la gran parte de la población reclusa. El artículo Die Zeit, del investigador alemán Martin Klingst, desmonta los datos oficiales que relacionan la inmigración con la delincuencia. Para él, hay una serie de reos que son delincuentes internacionales, personas nacionales de otro país, que no pueden considerarse inmigrantes, aunque figuran así en las estadísticas. Por otro lado, muchos extranjeros están en la cárcel debido faltas administrativas, como no tener papeles. Además, la población joven y masculina de cualquier sociedad suele acumular mayor grado de delincuencia, y son ellos, los jóvenes, los que se embarcan más en procesos migratorios.

Los medios de comunicación no filtran el lenguaje policial

Algo habrán hecho
La responsable de comunicación de SOS Racisme, Jose Peñín, sospecha cierto interés político en obtener apoyo popular de la criminalización de la delincuencia y de la posterior aplicación de acciones restrictivas. Remite al caso de las macro-redadas en barrios con población inmigrante como el Rabal de Barcelona: “Luego los medios dan la información facilitada por la policía. Se ha detenido a diez personas por motivos de extranjería. En realidad, es una mera falta como tener el DNI caducado, pero en la retina del lector queda una intervención contra extranjeros, y ese algo habrán hecho”.
La disección de las principales cabeceras españolas descubre un doble discurso. Las líneas editoriales y el tejido de opinión y posicionamiento explícito de los diarios combaten la discriminación, se oponen a las actitudes xenófobas. No obstante, las coberturas deslizan unos componentes léxicos y semánticos que alientan el miedo. “Hay un goteo de contenidos que culmina en una asociación de la etnia con el delito. El carácter implícito de estos mensajes incrementa su influencia porque no se reflexiona sobre ellos y se asumen como axiomas”, analiza Xavier Giró. SOS Racisme vigila estos comportamientos y se enfrenta a la inoculación subliminal del germen del racismo. Jose Peñín remite a una portada de El Periódico de Cataluña titulada La guía ‘mangui’ de Barcelona que publicaba un mapa del robo elaborado por los Mossos de Escuadra y los informadores turísticos de la ciudad. Una marea de críticas acorraló al director del rotativo, Enric Hernández, que escribió una rectificación al día siguiente. “El reportaje incluía expresiones como moritos del aerobús, bosnias buscafirmas o rumanos del metro. Aunque no lo pretendieran, respaldaban el lenguaje del mapa. De poco sirve que lancen un editorial de rectificación, la información ya ha calado. Además, la visibilidad y el impacto de una portada supera a un artículo en el interior del periódico”, aclara Peñín.

La imagen de la inmigración
Como recuerda la profesora de Fotoperiodismo de la Universidad de Murcia, Mónica Lozano, Norbert Küpfer, ya en 1991, probó que las imágenes se memorizan con más rapidez que el texto y que el lector capta mayor información a través de una foto de gran superficie. Eduard Bertran en su tesis sobre Información Visual e Inmigración criticaba que la falta de análisis informativo del material fotográfico podía “caer en la trampa fácil del estereotipo”. Esto ocurre con más motivo cuando las noticias sobre inmigración redundan, por lo común, en contenidos negativos y dramáticos. Según Mónica Lozano, “en muchas ocasiones la imagen transmite una carga emocional, contacta con los sentimientos del lector y lo sobrecoge”. Por eso, “lo importante es deslindar los motivos de esa realidad y reflexionar sobre la información gráfica que la representa”, matiza. La interpretación se dificulta cuando, además, el público no está educado para saber leer las fotografías.
El uso de la imagen depende también de la ideología del medio. Los expertos indican que una misma fotografía, en dos diarios distintos, puede engendrar interpretaciones diferentes. Por otro lado, las nuevas tecnologías multiplican las posibilidades de manipulación de la imagen. Para la profesora de la UM, un tratamiento más extenso profundizaría en el mensaje: “Hay magníficos trabajos en el ámbito del ensayo fotográfico que profundizan en la inmigración, pero casi nunca se publican en medios generalistas. Si los lectores vieran, al menos una vez por semana, uno de estos, su percepción cambiaría. El silencio, muchas veces, es la peor de las manipulaciones”. El silencio, otro modus operandi en el hurto de la realidad.
Artículos de contextualización:
Entrevista a Esteban Ibarra
La autorregulación insuficiente

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