Revista especializada en delincuencia

Cartas desde el subconsciente

In Investigación on junio 25, 2012 at 8:48 am
ESTEBAN ORDÓÑEZ/ HOPPES Nº9

·Los criminales dejan una huella psicológica en la escena donde todo comunica.
·La grafología constituye una potente herramienta de investigación en la perfilación de los delincuentes.

“En un crimen todo comunica”, asegura el policía y presidente de la Sociedad Española de Investigación de Perfiles Criminológicos (SEIPC), Juan Francisco Alcaraz. Si apuñala a navaja o con un objeto improvisado; si usa pistola, si dispara a quemarropa, si a la nuca o al estómago. A veces, aparece un escrito que abre cerrojos en la mente del asesino, una biopsia de palabras que acota el cerco.

Los delincuentes seriales actúan como arquitectos del crimen. Desde el principio, su diseño susurra a los investigadores. “En el lugar del crimen puedes determinar si se trata de una escena pura o simulada. Nos preguntamos si la acción sobre el terreno pretende encubrir el crimen o si, por el contrario, presenta elementos sin los cuales no se podría cumplir una fantasía”, señala Alcaraz. En este caso, el objetivo dista de la simple comisión del delito, y la posible existencia de mensajes escritos corrobora la sospecha. “Los valoramos al detalle, vamos más allá del contenido. Que esté escrito en la pared, en un papel, detrás de un cuadro, con azúcar, con el dedo, nos dirá qué personalidad buscamos”, matiza el presidente de SEIPC.

Mensaje escrito de Jack ‘El destripador’

Desde el siglo diecinueve, España ha sufrido la actuación de 33 asesinos en serie. Gran número de ellos dejaron escritos durante su campaña. Sin embargo, estas anotaciones a pie de sangre no surgían desde la primera actuación. Salvo que la fantasía implique mensajes desde el principio, estos sujetos intentan retar a la policía o erigirse en leyenda cuando escapan indemnes de sus crímenes. Según Alcaraz, “el exceso de confianza los lleva a vulnerar sus propios principios de precaución”.

Las hélices del asesino
El escrito se desdobla en contenido y morfología. Ambas son características básicas en la perfilación del culpable y permiten ubicar al asesino en lo que R. Keppel llamó continuo de violencia: “Cuál es la firma del asesino y adónde le pueden llevar sus fuerzas psicológicas”. Un análisis grafológico del manuscrito describe la personalidad del individuo.
Hélices, arpones, armonía, simbolismo del espacio de Max Pulver… Los grafólogos utilizan estos términos para diseccionar el esquema mental del sujeto. En la escritura actúan todas las neuronas del cerebro. Lo que parece un acto consciente desvela los latigazos más ocultos de la psicología humana. El presidente de la Asociación Grafopsicológica de España, Juan Luis Allende, sintetiza: “Cuando escribes, lo haces con todo tu yo, con todo lo que en ese momento está actuando en ti; todo produce alteraciones en la escritura”. Además de rasgos de la personalidad, el análisis de las grafías también puede detectar lesiones neurológicas. “Podemos detectar la conducta, el temperamento o los indicadores de algunas enfermedades que son básicos en la perfilación. No obstante, no podemos emitir diagnóstico, eso corresponde al psicólogo o al psiquiatra”, apunta la grafopsicóloga de la Agencia Pericial sobre Documentos, Francina Alsina.
La disciplina suele recibir críticas en las que se apunta que la letra es muy variable y su significado cambiará, o en las que se asegura que la grafología no puede identificar las letras simuladas y, por tanto, cae en conclusiones erróneas. Alsina justifica: “La escritura es un test en el que analizamos cómo se proyecta el sujeto en ese momento. Es lógico que la escritura varíe en función de las circunstancias personales, pero hay una estructura básica que no cambia y que realmente nos muestra al individuo”. Expertos históricos como Solange Pellat borraba las dudas en su libro Las leyes de la escritura. La primera ley establece que el gesto gráfico está sujeto a la influencia directa del cerebro y no es modificado por el órgano ejecutor. Lo demuestran los mutilados de guerra. Cuando aprenden a escribir y adquieren soltura con la mano izquierda o, incluso, con la boca o con el pie, las grafías corresponden perfectamente a las que pintaban antes de la amputación. De cualquier modo, expertos como el autor de Grafología teórica y metodológica, Jaime Tutusaus, reconocen que la grafología, como cualquier otra ciencia, sufre ciertas limitaciones que marcan adónde debe orientarse la investigación.
En el seguimiento de estos criminales mensajeros, no existen textos anteriores ni referencias del sospechoso que permitan comparar las grafías y eludir artificios del autor; pero los profesionales tampoco se dejan orientar por referencias en el trabajo diario. Francina Alsina explica que una regla de su trabajo es no saber nada del cliente: “Les pido que me envíen el texto por correo electrónico y ya, cuando tenga el resultado, nos veremos en la consulta”. El presidente de la Asociación Grafopsicológica de España, Juan Luis Allende, aplica el mismo método. Colaboró durante seis años en un hospital psiquiátrico y, entre otros estudios, investigó los signos de la psicopatía en los escritos: “Lo hice a ciegas, me pasaron documentos de supuestos psicópatas, pero detecté que sólo algunos se ajustaban a la psicopatía. Al comentarlo, me dijeron que tenía razón. Me habían puesto a prueba”, recuerda.

El contenido del mensaje
Por otro lado, dentro del mismo mensaje existen marcos comparativos. El tono del mensaje, el soporte utilizado o el vocabulario sugieren un tipo de personalidad que debe guardar coherencia con la extraída de las grafías. Un texto demasiado expositivo demuestra que su autor tiene una vida privada muy básica, no destaca y toma sus crímenes y sus mensajes a la policía como una autoafirmación. En cambio, si el mensaje es parcial, jerárquico, con orden: “Es una persona que probablemente tenga un trastorno narcisista importante. Correspondería a un asesino cuyos actos revelan sadismo, que disfruta con su fantasía y desea que impacte en la sociedad ”, argumenta el presidente de SEIPC. Pero ese narcisismo o esa confianza de ser el perfecto diseñador del terror los hace, a veces, menos prevenidos, más espasmódicos, como una palabra tachada que deja una letra al descubierto.
Además…
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